sábado, 19 de mayo de 2007

Sobre el eraser (texto de Pablo)

No vull tornar endarrere, no vull mirades al passat. M'omple d'ansietat i em deixa molt malament. És una cosa passada. Ara només vull intercanviar per diners allò que faig.

Ferran Garcia Sevilla

Entonces sí, nos quedamos aquí. Y miramos hacia delante. Y no hacemos nada. Estamos en silencio. Diez personas en silencio, sin saber si es realmente importante decir algo. ¿Para qué?. Mi proyecto ha sido redactado en una ficha. Y tengo la ficha. He cogido el metro y me he desplazado hasta aquí. He demostrado mi voluntad. Y ahora me encuentro delante de 10 personas que han hecho exactamente lo mismo.
Anoche, antes de dormir, leí un texto sobre el GRUP DE TREBALL, escrito por Antoni Mercader, que fue miembro intermitente del grupo, como casi todos. El texto comienza por el final.

Sabies, lector, que el catàleg de la novena Biennal de París (1975) té dues pàgines en blanc i que corresponen a la participació del Grup de Treball?

El GRUP DE TREBALL lo forman un amplio número de artistas, músicos y alguno del cine, como Pere Portabella, Muntadas, Francesc Abad, Jordi Benito o Francesc Torres. Sus actuaciones en común preceden a la creación del grupo, que Antoni Mercader sitúa en unas jornadas de verano de la Universitat Catalana en 1973. Tienen un carácter fuertemente ideologizado (propio de un contexto de dictadura y del Post68) y un claro posicionamiento antipictórico.
De entre las actuaciones más polémicas del Grupo se encuentra la famosa respuesta a Tapies, que había publicado en La Vanguardia un texto donde tildaba las prácticas inmateriales en el contexto nacional de más o menos moda pasajera. La respuesta fue virulenta, aunque en un nivel diverso de comunicación, pues el texto no se pudo publicar en La Vanguardia, sino mucho más tarde, en la revista Nueva Lente.
Las actividades del GRUP DE TREBALL son si no conceptuales en un sentido ortodoxo sí muy comunicacionales, no estando muy interesados en la cuestión estética. Por ejemplo, el primer trabajo como grupo fue un estudio de ventas de obras a partir de un listado de los artistas participantes en la Documenta 4 (1968) y 5 (1972) de Kassel.
El famoso último trabajo como grupo para la Biennal de París fue un estudio de la prensa ilegal en España que, debido a la implantación del Estado de Excepción y a la promulgación de una rigurosa Ley Antiterrorista, se negaron a firmar. De ahí las páginas en blanco.

Desconocía la existencia de un foco de prácticas artísticas inmateriales en España. De hecho, pese a vivir en la época de las recuperaciones, o quizás por eso mismo, desconozco cualquier situación de contexto anterior. Y me refiero a situaciones en red, no tanto nombres propios, que todos conocemos, sino a forjas de pensamiento generacional.
Anoche viví, por tanto, una pequeña recapitulación. Llevo tiempo sintiendo (y sintiéndolo mucho) que nuestro abordaje del concepto "eraser" está resultando, en diversos grados, tangencial. Cuando parece que profundizará en algo (y esto significa perforar) se desvía para ocupar de nuevo su posición satélite. Pensé en esto y me pregunté insistentemente por qué un grupo humano tan interesante como el nuestro se agotaba tan rápido. Hicimos con ilusión una primera reunión donde planteamos el concepto tal y como se plantea la existencia visual de la luna. La idea era que, a posteriori, conseguiríamos traer la luna a la tierra. Tuvimos, eso sí, una cierta anticipación: semejante empresa no sería posible. Pero bastaría el intento. Sería suficiente con el proceso, con las muestras de ingenio y acierto por parte de diez individualidades inmersas en esa frase de Antonio Ortega con la que, sabéis, me identifico: fe y entusiasmo. Al menos yo apostaba por eso. Y estoy seguro que algunos de vosotros también.
Mi lectura actual dista mucho de semejante contento. De repente queremos resultados. Ahora sí que pensamos obstinadamente en poseer una luna de verdad, aquí, sobre la mesa. El proceso se ha disuelto en el objetivo y, sin que sea menester entonar un mea culpa, ya no vemos sino expo, tecla-sala, espai jove.
Cuando digo que no se trata de culpa, quiero referir una percepción diversa de los acontecimientos. Somos inevitablemente una generación. Poseemos distintas edades, pero nos hemos conocido en un mismo contexto, en una misma época, haciendo lo mismo. Somos una generación. Y hemos de aglutinar, aunque sea de forma ilusoria, las distintas individualidades entorno a la idea de que, como generación, poseemos un carácter que hemos de definir, no necesariamente de forma teórica, pues tal vez no es el modo ni el tiempo en que vivimos, pero sí en nuestras prácticas diarias, en nuestras pequeñas reflexiones, en nuestra consideración básica: en nuestro particular verbo to be.
No es la culpa lo que me preocupa, sino la soledad. Y no hablo de soledad emocional, pues todos tenemos amigos, familia, amantes... Quizás sea una soledad demasiado codificada para ser advertida, una soledad cotidiana, común.
Anoche sentí que mi cabeza se giraba y dejaba de ver aquello que tenía frente a mí para ocupar, de repente, la posición inversa. Visualizaba aquello que leía: el GRUP DE TREBALL, su contexto histórico, su necesidad de superar tiempos, de alejar presentes con los cuales no se identificaban. Me fue del todo iluminador la trifulca con Tàpies, al que de hecho todos admiran, trifulca que se extendía al mundo pictórico en general. Pintura era la expresión del mundo anterior y ellos solo tenían fe y entusiasmo por y para un mundo nuevo.
Cuando García Sevilla, que siempre rechazó los determinantes del GRUP DE TREBALL, afirma que mirar atrás le causa ansiedad no está adoptando una actitud "eraser", está afirmando justo lo contrario: su realidad está esclavizada a un pasado de referencias del que no se puede librar si no es a partir de un ejercicio consciente de vivir en presente, de no mirar atrás.
Quise verme reflejado en él, pues lo primero que pensé ante su frase era que podía encabezar un texto explicativo como éste. Quise tomarlo como espejo y no pude. Observé con estupefacción que no vivo enganchado a nada anterior, que mi esclavitud es justamente el tiempo presente, donde todo se produce en un jaleo sin tiempos, referencias, nombres, estilos. Contemplé mi posición desde la perspectiva de García Sevilla y descubrí que quizás soy aquello que él ingenuamente quería ser y no podía.
Y entonces advertí por qué elegimos el eraser: nunca lo tuvimos como una luna a la que atrapar de forma ingeniosa, nunca lo contemplamos como algo externo a lo que podíamos aproximarnos. Todo lo contrario. El eraser vive dentro de nosotros y es algo que nos queremos arrancar, como quien se arranca un órgano, de cuajo. Somos gente borrada en un mundo que se borra. Como generación, no tenemos puentes con el pasado, solo un listado de referencias. No tenemos padre al que matar, pues ¡al pobre lo han matado ya tantas veces!. No tenemos una forma de hacer contra la que enfrentarnos. El eraser está en nuestro interior. Es nuestro modus vivendi, nuestra manera de sentir el mundo, nuestra forma de padecerlo.
Comprendí que al convertirlo en tema habíamos falseado nuestra realidad, situándonos en la posición de quien vive demasiado atado al pasado. Mi reflexión ahora apunta justamente en la dirección opuesta. Sigue siendo una idea a seguir, pero tal vez por un camino diverso.
Desde esta perspectiva he analizado algunas obras que conozco, de cuántos habéis hecho la labor de informar de vuestro proyecto, labor que agradezco porque sí que me sirve de espejo, y no la frase de García Sevilla. Sobresale entre todas, y seguro que pensáis como yo, el proyecto de Josep, que considero intuitivamente el más acertado. No porque sea el mejor proyecto, sino porque desde un principio reniega del símil de la luna como eraser y hace del eraser su propio planeta: su luna es el pasado con el que quiere dialogar, contener, quizás para poder distanciarse de algo, no lo sé.
Para evitar que se me pueda acusar de retrógrado, pues así sería una persona que muestra voluntad de atarse al pasado, pensemos en un saltador de trampolín desprovisto de la pieza sobre la que impulsarse y dar el salto. Cuanto más alto y alargado es el trampolín más acrobático y hermoso será el salto. A nosotros nos ha tocado vivir en un mundo sin trampolines. Nuestro salto es menudo, ridículo, breve.
Me quiero desmarcar del pasado, no diluirlo en la ficción de su inexistencia. Preferiría mil veces una imagen indeseada en mi espejo que no observar en mi reflejo imagen alguna. Aunque parezca el título de una mala película de cine negro, somos sombras sin pasado. Y no es ni por asomo algo especialmente nuestro, sino propiamente nuestro, de nuestro tiempo. Eraser es el espíritu de nuestra época y de ahí que sea algo tan común manifestaciones diversas de búsqueda en el pasado, como la tan en boga recuperación de la memoria histórica.
"La ciudad genérica" de Rem Koolhaas congenia los dispositivos de control con una eliminación de toda identidad propia, para encadenarse a una serie (la conversión de la ciudad contemporánea en aeropuerto, uno de los no-lugares de Marc Augè), que Koolhaas sitúa en el encuentro con el contexto, el espacio histórico. En la "ciudad genérica" este espacio de pasado ha pasado a ser pasado al eternizarse en un continuo presente, a través de las cada vez más sofisticadas técnicas de creación de espacios centrípetos, aislados del exterior y totalmente iguales en cualquier ciudad del mundo (el mall, el centro comercial). En la ciudad genérica la arquitectura es un espacio de representación de lo inmediato, de lo transparente...
La Ciudad Genérica es la ciudad liberada del cautiverio del centro, de la camisa de fuerza de la identidad. La Ciudad Genérica rompe con este destructivo ciclo de dependencia: no es sino el reflejo de las necesidades y aptitudes del presente. Es la ciudad sin historia. Es suficientemente grande para todos. Es fácil. No necesita mantenimiento. Si se vuelve muy pequeña simplemente se expande. Si se vuelve vieja simplemente se autodestruye y renueva. Es igualmente excitante -o no- en cualquier sitio. Es “superficial” –como un estudio de Hollywood, puede producir una nueva identidad cada lunes por la mañana
Esta ciudad exacerbada repercute en las condiciones de desarrollo de la subjetividad en varios aspectos, de los cuales, por razón de espacio, solo indicaré uno que deseo quede remarcado: la atemporalidad, el absurdo histórico, la no posibilidad por parte del individuo de aferrarse a espacio alguno. La ciudad obesa, flácida, que se desborda, sin límites... ¿no ha de ser recorrida constantemente para no dejar de conocerla, para no dejar de tener pasado? ¿No estará el resurgir de las prácticas de deriva y situacionistas en los noventa relacionadas en parte con esta ciudad hipervisible?
Pero, además, ¿no poseerá esta ciudad genérica, ficcional hasta el punto del puro presente, una lógica anuladora que interviene de manera decisiva en nuestra forma de entender el tiempo histórico -y vital-?
Vivimos en "duraciones", probablemente esa sea la primera herencia o contagio del ciudadano de estas ciudades, ahora que el cambio climático aporta su granito de arena a la sensación de escenario y artificiosidad de la urbe.
La duración de ir al supermercado (¿me dará tiempo? he de estar a las tres en la otra punta de la ciudad) se ha asimilado a la de ver un programa de la tele (¡cuánta publicidad!), al igual que el tiempo percepcional de éste se ha asimilado al de ir en metro (¡llego tarde!). Todo dura... determinado tiempo, lo que es lo mismo que decir que todo muere delante de nosotros, todo acaba (y comienza) ante nuestros ojos.
Sé que dentro de pocos siglos no habrá diferencia alguna entre una verdadera ciudad pompeyana y el museo Paul Getty de Malibú, así como no la habrá entre la Revolución Francesa y su conmemoración olímpica en los Ángeles en 1989; pero todavía vivimos esa diferencia cantaba Jean Baudrillard en la p. 24 de la desencarnación del mundo
Sí, todavía vivimos esa diferencia...
Cuando tiraron el muro de Berlín no sólo cayeron los grandes relatos ideológicos, también se cayó el tiempo.
Vuelvo pues a esta vivencia de la duración. Frente al tiempo proustiano (que se encerraba en sí mismo para poder salir de él) el tiempo actual necesita expulsarse para volver a entrar en sí. Necesitamos "matar el tiempo", pues ya no es un mar de ideas en el que uno se abandona flotando o se sumerge impertérrito, como en la piscina de El graduado (1968), sino el horno microondas, que pita al minuto, el móvil, que suena cada media hora, el tráfico, que no cesa en veinticuatro horas. Es un tiempo sonoro, ruidoso, frente al tiempo silencioso de la mente aún mecanicista (de los relojes de madera) de Proust. Es un tiempo maldito, el nuestro.
No quiero apostar por abandonar el tema, simplemente enfocarlo desde otro punto de vista. Nadie en otra época se imaginaba la desaparición tal y como nosotros la vemos a diario. Lo que para otros en el pasado era una bella imagen, para nosotros es una imagen de tantas. Se acerca el fin del mundo, exhortan algunos. Antiguamente lo hacía un profeta cada quinientos años. Hoy lo dice Greenpeace todos los días. Por lo tanto el acierto del tema no está en su idealización sino en su triste realidad, en su constante presencia, en su profunda interiorización en nosotros.
Para acabar, me gustaría hablar de nuevo de nosotros, recuperar esa idea que flota, que conocemos, pero a la que no hacemos caso. Por favor, seamos responsables. Comportémonos como amantes apasionados de una vez por todas. Superemos esta larga adolescencia. Concibámonos como generación. Pensémonos como generación y trabajemos, en consecuencia, como generación.


Pablo Marte, en Barcelona un 16 de mayo a las 18:42 de la tarde.

2 comentarios:

theeraserproject dijo...

Que gusto leer el texto con el tiempo propio... siempre me cuesta mas entrar en un texto leído que leerlo directamente.

Sí, la luna a alcanzar, algo así como la feilicidad. Eraser como actitud muy ligada al presente, tampoco al futuro, connecta en el eraser como suplantación, como sustitución... el pasado ni lo borramos ni lo miramos idealizadamante, convive con el presente. Pienso en años a, y aquella obsesión por idealizar aquellos maravillosos años... siempre pense que en este actitud hay algo de no saber cuidar el presente, no saber sustituir... y es necessario para subsistir... todos somos nómadas de alguna manera, y no implica un forzoso cambio de territorio (aunque tambien esta), sino por que habitamos distintas realidades constantemente... eraser no implica negación de por sí- puede acarrearla si hay detras una clara intención- o a veces puede implicar cierta negación; por ejemplo "cuando corremos un tupido velo - un estupido velo?" - ejemplo de siempre; Dogville- Lars Von Traier-
Bien, me encanta este sendero que desde diferentes frentes hemos ido tomando ... me recuerda mi reconversión al atéismo en un contexto en el que se suponía que millares de jovenes se unían para crecer místicamente y consolidarse como adultos cristianos, creyentes y hartos de fe.... de alguna forma si que matamos algun padrecito cada día...

P.D- Una discrepancia- no estoy de acuerdo en que por el momento haya un trabajo más acertado que los demás- Hay que ver como crece cada uno de ellos... Somos artistas visuales y es tan importante la formalización de la idea como el concepto... eso creo vaya.

theeraserproject dijo...

Estoy de acuerdo en tu discrepancia. Ya de por sí hacer una escala de trabajos entre lo más o menos acertado supone esgrimir una sola idea del borrado. Mi comentario sobre el trabajo del Josep fue una cuestión estratégica: hacer resaltar la idea del borrado respecto al pasado de un modo similar al olvido respecto a la memoria. Olvido y memoria es una misma persona vista de frente o de espalda. Es una cuestión de utilidad: ¿nos sirve? memoria ¿no nos sirve? olvido. ¿nos duele? memoria. ¿no nos duele? olvido. Etc... Luego está la resistencia que oponemos a esta utilidad. ¿Me duele? memoria, pero necesidad de olvido. ¿No me duele? olvido, pero búsqueda de memoria. etcétera, etcétera, etcétera...
Ahora, estoy contigo en lo incorrecto de resaltar un trabajo por encima de otros... ya digo, fue debido a una cuestión de escritura táctica (por otro lado, era de los pocos proyectos desarrollados conceptualmente)
Un saludo
Pablo Marte